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Botica antigua de la Farmacia París
Centro Histórico de la Ciudad de México

A los cincuenta años de su fundación la Farmacia París,
S.A.. de C.V. puso a disposición de su distinguida clientela
una nueva ampliación de sus locales anexos en el Centro Histórico
de la Ciudad de México. A partir del día 12 de diciembre de 1994
quedó abierta al público la botica antigua. Culminando así
el proyecto iniciado en vida de su fundador, Don Ignacio Merino Martínez.
A fin de rescatar una antiquísima tradición familiar. En el número
81 de las calles de República del Salvador, frente a la antigua Biblioteca
Nacional y anteriormente Convento de San Agustín, en la casa que en 1575
estuvo ocupada por el noviciado, y muy cerca del célebre Puente del Arco
que hasta 1823 comunicó el templo por encima de la calle y de la acequia
con la hospedería y enfermería para todas las provincias, ahora
han quedado resguardadas bajo el gran relieve en piedra que luce la fachada
con la venerada imagen de nuestra Señora de Guadalupe, la herbolaria
y la farmacopea con sus recetas magistrales galénicas y sus formulas
oficinales, así como otras especialidades médicas sistematizadas,
junto con artículos de instrumental médico. Perfumería,
menudeo y a granel, de con sumo popular; ofreciendo al público una amplia
selección tanto dentro del campo de la medicina moderna como de la medicina
alternativa, incluidas plantas medicinales vivas, raíces y yerbas secas,
sales, aceites, esencias, tinturas y extractos que vienen conformando uno de
los botámenes en inventario más variados.
La botica antigua queda así enmarcada por una arquitectura histórica en que la ciudad renacentista se hunde también sobre los basamentos de la ciudad mexica para recibir superpuestas a las ciudades barroca y luego neoclásica y finalmente moderna, acusando desniveles y huellas de inundaciones en arcos, columnas, muros rajuelados y patios enlozados, donde la Farmacia París se integra al misterio, guardando su distancia, con la exhibición de su propio botamen, e ilustrando su significado con reproducciones de fotografías de otras boticas del mundo más antiguas, así como de cartografías, grabados anatómicos esotéricos y signos de la alquimia clásica y de las culturas mágicas egipcias, tántrica, druídica y hebrea; junto a recreaciones al óleo de códices de la herbolaria azteca. y vitrales antropomórficos enjoyados con las flores alucinógenas del dios danzante de la curación de los antiguos mexicanos.
Se trata, mas que de una reconstrucción gratuita del pasado, de una evocación artística de la tradición farmacéutica viva, y de la posibilidad para la mirada curiosa de asomarse a su funcionamiento real en la actualidad, pues los verdaderos recuerdos materiales son muy recientes: garrafones, potes, mortero y mazas de porcelana, bronce y vidrio; basculas, romanas, balanzas y espátulas; una prensa de yerbas, un molde para solidificar supositorios, un achicacorchos y un pildorero en uso, y los objetos de valor sentimental: memoria de reconocimientos de laboratorios químico farmacéutico nacionales y extranjeros, de instituciones públicas, y de particulares; trofeos del equipo de fútbol de los trabajadores; una pequeña imagen de La Virgen bordada en chaquira por la devoción de una joven empleada; una escultura, tamaño natural, de San Judas Tadeo labrada en piedra en el Barrio de Chanenetla, Puebla; una talla policromada barroca de la resurrección para significar la restauración y la salud, después del terremoto de 1985; óleos del fundador y de la vocación médica; y donaciones: un mortero de mármol de Carrara, una gran balanza gradataria, reproducciones de vasos, almireces y albarelos… vasijas y filtros de agua; y la profusión de artesanías alusivas a la medicina, al unicornio, al pez sierra y al colon serpentinoso, sin faltar el inevitable cocodrilo habanero de toda rebotica.
Porque sólo cincuenta años convierten a la Farmacia
París en una empresa moderna más cercana a los sistemas
de autoservicio, de los que fue pionera, independientemente de su liderazgo
en la tradición del recetario y la preparación de fórmulas
que, transcritas a los libros de registro por especialistas, conforman ya una
pequeña biblioteca. Donde el perfil de las prescripciones médicas
durante este medio siglo en la Ciudad de México resulta por demás
interesante. Los antecedentes de este despacho de recetas datan del último
tercio del siglo pasado en la Droguería y Farmacia "La Cruz Blanca",
ubicada en el número 15 de la Avenida República de Chile (antes
y ahora del Ayuntamiento) México. D.F., donde nació Don Ignacio.
Sus padres, los boticarios Don Mariano Merino Galera y Doña
Honorina Martínez Robles-Nestar, heredaron la tradición médica
y farmacéutica familiar de Cervera de Pisuerga del Río, Palencia,
España, enclavada en las montañas, entre los Reinos de León
y Castilla la vieja, en cuya casa solariega, abandonada a causa de las guerras
Carlistas en 1873, aún se puede distinguir escudos de los tiempos remotos
en que surgieron la lengua y la literatura hispánicas, réplicas
de insignias y otros recuerdos familiares acompañan ahora el enorme bolo
de bautismo de Don Ignacio Merino Martínez, y su título de químico
farmacéutico de la Universidad Libre Mexicana, expedido en 1935, que
en épocas aciagas fue aliciente y única opción para acceder
al conocimiento teórico para quien habría de distinguirse después
como comerciante en el ramo farmacéutico.
En su memoria que se ha cumplido su deseo original de recuperar
para la clientela de la Farmacia París un espacio para
la tradición actualizada de la botica antigua.
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